El pelazo de Giacomo Rondinella.
El mal despertar de Van Morrison.
El corazón roto de Phil Lynott.
jueves, 22 de abril de 2010
sábado, 27 de marzo de 2010
miércoles, 17 de marzo de 2010
De los estandartes
Sobre el disco poco hay que decir que no refiera sensatamente Diego Manrique aquí. Como en tantas ocasiones ya antes, la presencia de los Chieftains da un poco de risa floja y el corazón lo ganan el falsete huasteco de El caballo, lo mariachi y una somnolienta Canción mixteca con la que Cooder se hace eco a sí mismo a lo largo de los años y quebrantos.
Pena de otro cariz es la portada, que propone elementos no por obvios menos hermosos pero tiene un acabado extraño, como de proyecto defectuoso, y una tipografía atroz, con tanto que se hubiera podido hacer.
Pero el disco regala, aún así, una buena historia. Una historia que los Chieftains contribuyen a simplificar, en un ejercicio de streamlining emocional, ay, típicamente aplicado a lo irlandés por propios y extraños. Algo que llega hasta los detalles de una visión histórica. Un ejemplo: la representación preferida de la bandera de los San Patricios que he encontrado en una búsqueda no demasiado exhaustiva, contra la complejidad a la que parecen hacer referencia las (sí, dudosas) fuentes históricas, no es sino la canónica arpa sobre el verde esmeralda, símbolo compartido por millones de cojines de ganchillo en el sur de Boston.
Me parece que ocurre a menudo con las banderas antiguas en representaciones populares. Símbolos únicos toman el lugar de complejos entramados de retales. Podría haber ello una prefiguración o la sombra inevitable de los logotipos modernos, más que de las narrativas secuenciales de la heráldica antigua, con su confluencia de genealogías y funciones y su espacio multiplicado, que permitía acoger todo tipo de intereses y mensajes. Incluso como involuntarias narrativas secuenciales, condición que podrían compartir, por ejemplo, con los estandartes que representan vidas de santos o pasos de un martirio. He visto en procesiones de Cerdeña banderas que harían las delicias de Scott McCloud.
Tampoco esto de aquí abajo hace justicia a lo que creo haber intuido, pero así estamos.
sábado, 20 de febrero de 2010
Un buen día como hoy es un buen día para recordar lo que está ahí esperando, los trabajos sin rumbo o futuro que no nos podemos quitar de las espaldas o las agendas. Ideas fermentando, con suerte, en un cajón, hasta que surja algo a su altura. ¡Oh Israel, Thou Shalt Not Be Forgotten Of Me!
Y ahora a cocinar, que hay invitados.
sábado, 13 de febrero de 2010
El Valle del Hierro
Esta cabecera, que de momento no se va a utilizar (snif), fue un dibujo sencillo que vino después de muchos quebraderos de cabeza. Léase obtusos bocetos previos.
Del mismo modo, después de meses de preparación, hoy ha salido a la luz el primer número del Pequeño Libro de Notas. De hecho, esta entrada es posiblemente una redundancia, porque si alguien está leyéndola probablemente viene de allí y habrá ya contemplado su emocionante declaración de intenciones. El espíritu es ese, ahora sólo queda trabajar e intentar hacerlo cada semana mejor, más alucinante y más aventurero.
Del mismo modo, después de meses de preparación, hoy ha salido a la luz el primer número del Pequeño Libro de Notas. De hecho, esta entrada es posiblemente una redundancia, porque si alguien está leyéndola probablemente viene de allí y habrá ya contemplado su emocionante declaración de intenciones. El espíritu es ese, ahora sólo queda trabajar e intentar hacerlo cada semana mejor, más alucinante y más aventurero.
lunes, 8 de febrero de 2010
lunes, 1 de febrero de 2010
Por la Renfe
Staedler finico 0.1 nuevecito + cuaderno + postura repantingada + mesilla de vagón + tren vibrando vía adelante, a la altura de La Rioja o así. Lo fino del instrumento se exagera aún más con ese temblor que lo contagia todo, no se sabe bien con qué fuerza o en qué lugar posar las líneas, se va a tientas y con suerte algo de esa zozobra se contagia al modo en que casan los volúmenes.Después, meses después, lucha por dar con el color justo. Primero busco el efecto fluorescente; quiero una princesa sherpa de Marte brillando en algún eclipse de la tercera luna, pero acabo por volver al redil y así me conformo con una reina de las nieves tibetana cuyos antepasados anduvieron en tratos con los hiperbóreos exiliados en el centro de la tierra.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



