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viernes, 20 de julio de 2012
miércoles, 16 de mayo de 2012
Los cambios de humor de Djora
Estudios de dálmata corriendo en parque francés, hechos caminando y con el Pentel, esto es, probando maridajes de forma y contenido.
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martes, 13 de diciembre de 2011
Sonaba algo del Padre Soler
Pero al intérprete, Fermín Higuera, lo vigilaba el fantasmal mostacho de Enrique Granados.
Un exorcismo a tres bandas por gracia de un piano y un cuaderno de bolsillo.
sábado, 11 de septiembre de 2010
Clásicos básicos
Cuando no se es capaz de dibujar, ayuda volver a las formas prefijadas, a los iconos.
Monstruos taciturnos.
Monstruos taciturnos.
lunes, 6 de septiembre de 2010
Jabalina
En las páginas del cuaderno, algunos garabatos protestan ante la estaticidad de los demás.
Y se van a lanzar palos por ahí, y hay que darles un paisaje, por mínimo que sea.
Y se van a lanzar palos por ahí, y hay que darles un paisaje, por mínimo que sea.
sábado, 24 de abril de 2010
jueves, 22 de abril de 2010
lunes, 8 de febrero de 2010
lunes, 1 de febrero de 2010
Por la Renfe
Staedler finico 0.1 nuevecito + cuaderno + postura repantingada + mesilla de vagón + tren vibrando vía adelante, a la altura de La Rioja o así. Lo fino del instrumento se exagera aún más con ese temblor que lo contagia todo, no se sabe bien con qué fuerza o en qué lugar posar las líneas, se va a tientas y con suerte algo de esa zozobra se contagia al modo en que casan los volúmenes.Después, meses después, lucha por dar con el color justo. Primero busco el efecto fluorescente; quiero una princesa sherpa de Marte brillando en algún eclipse de la tercera luna, pero acabo por volver al redil y así me conformo con una reina de las nieves tibetana cuyos antepasados anduvieron en tratos con los hiperbóreos exiliados en el centro de la tierra.
viernes, 29 de enero de 2010
La prisa y los empastes
0.5 Staedler (moribundo) en la moleskine apaisada, esperando que me atendiese el dentista.Después Photoshop.
A veces se hace difícil gestionar la prisa cuando te diviertes dibujando (lo que no siempre ocurre). El dibujo directo necesita energía y cualquier corrección que se le imponga será en cierta medida una trampa. Recibe así las consecuencias de un entusiasmo algo aturullado, que libera la mano pero deja sus taras en el papel: un brazo derecho demasiado pequeño, un brazo izquierdo demasiado estirado; por culpa mía, él expone la muñeca al subir la guardia y probablemente se la cortarán.
Me lo tomaré con varios segundos más de calma la próxima vez.
miércoles, 27 de enero de 2010
Casi mediodía

El verano pasado, subiendo desde Aiguafreda al pico de Tagamanent, en el Parque del Montseny, paramos para descansar en una encrucijada de pistas forestales. Más allá del turò está el Pla de la Calma, y como en toda zona alta, como en toda peña aislada, aquí se favorecen los misticismos.
Es el único dibujo que haré en todo el día, porque hay que caminar y ese placer sustituye al del cuaderno. Además, a mitad de faena, compruebo que cargo con el rotulador equivocado, el 0.5, que debería ser un 0.1 para poder soltar con más libertad la mano y que brotasen zarzas y marañas y matojos, creando volumen mediante la acumulación de lo delgado, de estructuras finas.
El problema de la silva: reflejar su desmesura, y a la vez dar sentido espacial al desorden, delimitar en formas legibles el borrón del verde y las formas que contiene.
Ni que fuera un botánico.
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